Tanto los Proyectos Mineros como otras actividades industriales, no afines a minería, que demandan la realización de voladuras, deben lidiar con el impacto que generan sobre la comunidad el uso de explosivos, ya sea que se manifieste como daño sobre infraestructuras circundantes, externalidades negativas inducidas sobre residentes (percepción humana) o perturbaciones con carácter de impacto ambiental (fauna protegida, monumentos nacionales, etc.). Ante ésta realidad, surge la necesidad de monitorear y controlar el impacto ambiental producido por vibraciones y ondas de presión aérea, y de ser necesario rediseñar la voladura para mitigar sus efectos.

La onda aérea y las vibraciones producidas por voladuras pueden provocar esfuerzos internos, sobre estructuras y edificaciones presentes en la vecindad de éstas y dependiendo de la combinación amplitud-frecuencia producir, algún tipo de daño. En el caso del daño por vibraciones, diversos investigadores han determinado que la velocidad de vibración de partícula es el parámetro más representativo del daño y es en la actualidad el que se mide y se compara con estándares o criterios internacionales de vibración, los cuales permiten determinar si se está alcanzando o no niveles de vibración que puedan resultar en daño a una determinada estructura. A través de la instrumentación con geófonos, es posible determinar las vibraciones máximas expresadas en Velocidad de Partícula (PPV) y la frecuencia a la que éstas vibraciones son producidas y relacionarlas con los criterios de daño internacionales.

Cabe enfatizar, que el nivel de vibración generado en una estructura depende en gran medida del comportamiento dinámico de ésta, en particular su frecuencia natural de oscilación, cuando se ve expuesta a un cierto nivel de vibración del terreno que la soporta. Es por ello que todo programa de medición debe incorporar como variable de análisis, tanto la velocidad de partícula como la frecuencia de la onda vibratoria.

Existen otros factores que influyen en la capacidad de generar daño a estructuras, entre ellos se pueden mencionar la duración de la vibración, el número de solicitaciones a que se ve sometida la estructura, la resistencia de los elementos estructurales y los asentamientos diferenciales del suelo donde éstos se sustentan.

De igual forma que para el caso de las vibraciones, las ondas aéreas generadas por voladuras son causa potencial de daño a estructuras, como así también, de molestias para las personas. Dichasondas aéreas, comúnmente llamadas ruido, son ondas de sobre presión transmitidas en el aire que se caracterizan por su baja frecuencia y según sea su magnitud y duración, tienen la capacidad de inducir resonancia en ciertos elementos estructurales, lo que a su vez puede resultar en daño estructural o cosmético, pero más probablemente en molestias a personas.

En el caso de tronaduras, la generación de estas ondas aéreas provoca un efecto subjetivo y negativo en la percepción de la onda de vibración del terreno.